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Corría el año 1929, cuando en uno de
sus frecuentes viajes a Marsella, March fue objeto
de una maquinación para acabar con su vida. El
Rolls-Royce de nuestro protagonista lo conducía
su fiel chofer mallorquín,  en el asiento trasero
viajaban Juan March de 49 años acompañado de 
Matilde Reig con 20 años recién cumplidos (la
bella e inteligente castellonense que con el tiempo
se convertiría en la musa del magnate).
Aquél día todo parecía tranquilo y
normal, pero súbitamente,  el automóvil de March
fue objeto de una emboscada en las inmediaciones
del puerto marsellés, la situación era desesperada,
el Rolls-Royce  quedó inmovilizado entre varios
vehículos y rodeado por los asaltantes ¡no había
escapatoria posible, era el fin!. 
Entonces emergió la instintiva reacción del niño malo de las finanzas
españolas. En décimas de segundo, Juan March decidió que sólo había una manera de
escapar “el ataque es la mejor defensa” y echando mano a una bolsa adosada a su
asiento sacó de su interior dos revólveres y le dio uno a Matilde (el otro se lo quedó él),
al mismo tiempo que le indicaba al chofer que cogiera otro revolver situado en la
guantera, acto seguido les ordenó: “cuando yo diga ¡ahora!, debéis salir del coche a toda
prisa, disparando al aire y corriendo detrás de mí todo lo rápido que podáis”.
Los agresores al ver tamaña reacción del último pirata del Mediterráneo,
seguido de su reducida, pero bien armada tripulación, no tuvieron tiempo de reaccionar,
cuando se dieron cuenta  Juan March se les había escapado. De esta manera, al más puro
estilo “Bonnie and Clyde” nuestra famosa pareja salvó la vida.